jueves, 7 de mayo de 2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
El Hombre de la Flor
(A Marcos Ana)
El Hombre de la Flor está cautivo.
Su cuerpo atropellado, medio-muerto;
pero la Flor le entrega su perfume
y es arrojado del lado de los vivos.
El Hombre de la Flor, muere y respira.
Allí en la Oscuridad, todo es más claro.
La Flor derrama pétalos Azules,
y Él construye una escalera viva.
El Hombre de la Flor mira la Luna,
y en su reflejo el mundo se refleja,
Todas las penas son la misma pena.
Todas las lunas son la misma Luna.
Ha muerto ya mil veces, destrozado.
La Flor inmaculada lo regresa.
por la Escalera de pétalos azules,
y cose con paciencia los pedazos.
El Hombre de la Flor tiene un secreto,
para seguir viviendo enamorado:
Resucita en palabras que están vivas.
Son pájaros de amor, que van volando.
Flavio Dalostto
El Hombre de la Flor está cautivo.
Su cuerpo atropellado, medio-muerto;
pero la Flor le entrega su perfume
y es arrojado del lado de los vivos.
El Hombre de la Flor, muere y respira.
Allí en la Oscuridad, todo es más claro.
La Flor derrama pétalos Azules,
y Él construye una escalera viva.
El Hombre de la Flor mira la Luna,
y en su reflejo el mundo se refleja,
Todas las penas son la misma pena.
Todas las lunas son la misma Luna.
Ha muerto ya mil veces, destrozado.
La Flor inmaculada lo regresa.
por la Escalera de pétalos azules,
y cose con paciencia los pedazos.
El Hombre de la Flor tiene un secreto,
para seguir viviendo enamorado:
Resucita en palabras que están vivas.
Son pájaros de amor, que van volando.
Flavio Dalostto
lunes, 16 de marzo de 2009
Otro poema dedicado a Marcos
Decidme cómo es un árbol.
Al mundo le confiesas, Marcos Ana,
que olvidaste de un árbol sus colores
y el árbol eras tú, con tus clamores
despertando a la luna, luz hermana.
Un árbol cuya sombra capitana,
forjada entre esperanzas y dolores,
logró con sus raíces los amores
del que iban a matar cada mañana.
La raíz es a veces tan fecunda
que no se puede ver por lo profunda.
Sin embargo en tu libro es clara y llana.
Plenitud de emoción y de ternura,
de talento y feliz literatura.
¡Qué orgullo es ser tu amigo, Marcos Ana!
Salvador Arias
Al mundo le confiesas, Marcos Ana,
que olvidaste de un árbol sus colores
y el árbol eras tú, con tus clamores
despertando a la luna, luz hermana.
Un árbol cuya sombra capitana,
forjada entre esperanzas y dolores,
logró con sus raíces los amores
del que iban a matar cada mañana.
La raíz es a veces tan fecunda
que no se puede ver por lo profunda.
Sin embargo en tu libro es clara y llana.
Plenitud de emoción y de ternura,
de talento y feliz literatura.
¡Qué orgullo es ser tu amigo, Marcos Ana!
Salvador Arias
miércoles, 28 de enero de 2009
TODOS LOS ROSTROS: Apoyo a la candidatura
La web "TODOS LOS ROSTROS" anda recabando apoyos para que esta propuesta vaya adelante y se le conceda el premio al poeta Marcos Ana. Si quieres firmar en apoyo a esta candidatura al Príncipe de Asturias de la Concordia 2009, entra aquí
martes, 27 de enero de 2009
Proponen a Marcos Ana para el Príncipe de Asturias de la Concordia
La Universidad de Granada aprueba presentar la candidatura de Marcos Ana al premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009.
" El poeta Marcos Ana nacido en 1920 en la pedanía de San Vicente, del municipio de Alconada (Salamanca), puede presumir de madrina de lujo. Probablemente su lucha constante contra la dictadura y sus más de 20 años de penitencia en oscuras celdas franquistas bien lo merecen. El caso es que la Universidad de Granada ha apostado por su causa y aprobó ayer, a través de su Consejo de Gobierno, presentar la candidatura de este literato, símbolo de la cultura antifranquista, al premio Príncipe de Asturias de la concordia en su edición de 2009.El campus granadino quiere reconocer de esta manera la tenacidad en la lucha por las libertades de este hombre de 88 años, que pasó más de 20 años en prisión por defender sus ideales y al que, por el mismo motivo, le fue ‘robada’ buena parte de su juventud y de su vida."
lunes, 26 de enero de 2009
El Recuerdo

Cuando abrieron los portones de la cárcel, siniestra y tenebrosa como una sombra alargada, sintió pánico. El horizonte abierto ante sus ojos resultaba vertiginoso. La vista se le nublaba, una náusea le subía por el estómago y las piernas le flaqueaban. Había entrado siendo un niño y salía convertido en un hombre envejecido: eso hace de los seres humanos la humedad insoportable de una celda, los golpes recibidos, la soledad de un cielo cortado por barrotes, la hambruna de los primeros años –cuando arrastrando su boca por el suelo en busca de musgo y hierbajos entre las rendijas de las baldosas casi pierde la esperanza- y la minúscula dimensión de un patio, imposible de resistir para un alma libre, para cualquiera que sólo pretenda vivir. Le preguntan estos días a Marcos Ana, el preso que más año estuvo encarcelado durante el franquismo -23, 16 de ellos en el penal de Burgos-, qué siente, qué recuerda. Y está bien que así sea, no vaya a resultar que no contándolo se olvide. Y una cosa así no puede ser pasto de la desmemoria. Marcos Ana suspira, se le humedecen los ojos, el cansancio aflora en su rostro, y recuerda. Recuerda la incomunicación, las palizas, el hacinamiento, la inmensa soledad y el hambre. Recuerda la inquebrantable tristeza del patio en el que giraban los hombres sin descanso y las lágrimas en la celda y los gritos desgarradores de los compañeros y la terrible espera antes de una saca y el ruido de los disparos al alba. Recuerda también el primer poema a la luz de un candil: esas palabras que él aún no sabía, le harían tan libre. Recuerda el día en que decidió dejar de ser Fernando Macarro para convertirse en Marcos Ana, en homenaje a sus padres, y las primeras obras de teatro en la noche, alerta por si se acercaba un carcelero, y su nombre, Marcos Ana, dando la vuelta al mundo en boca de Neruda o de Alberti; su nombre que era el de todos los presos, su nombre que era un símbolo de libertad, de lucha y de vida. Le preguntan ahora, 70 años después, qué siente, qué recuerda. Lo dejó escrito:
Mi pecado es terrible: quise llenar de estrellas el corazón del hombre. Por eso, aquí, entre rejas, en veintidós inviernos perdí mis primaveras. Preso desde mi infancia y a muerte mi condena, mis ojos van secando su luz contra las piedras. Más no hay sombra vengadora corriendo por mis venas. ¡España! es sólo el grito de mi dolor que sueña…
Mi pecado es terrible: quise llenar de estrellas el corazón del hombre. Por eso, aquí, entre rejas, en veintidós inviernos perdí mis primaveras. Preso desde mi infancia y a muerte mi condena, mis ojos van secando su luz contra las piedras. Más no hay sombra vengadora corriendo por mis venas. ¡España! es sólo el grito de mi dolor que sueña…
Rodrigo Pérez Barredo
Diario de Burgos. 25 de julio de 2006
Diario de Burgos. 25 de julio de 2006
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